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Qué hacer cuando aceptan tu propuesta: las 48 horas siguientes

Qué hacer cuando aceptan tu propuesta no es empezar a trabajar. Es cerrar por escrito, en dos días, las cuatro cosas que el sí acaba de dejar sin definir.

«Adelante.»

Una palabra. A veces ni eso: un pulgar arriba debajo del enlace que mandaste hace nueve días. Llevas mes y medio con este proyecto rondándote la cabeza y se resuelve en un mensaje que tardas dos segundos en leer.

Lo normal es levantarse a por un café, contárselo a alguien y abrir el archivo esa misma tarde.

Y ahí empiezan a torcerse casi todos los proyectos que se tuercen. No en el mes tres, cuando ya no hay quien lo arregle. En el primero de los dos días siguientes al sí.

Qué hacer cuando aceptan tu propuesta: lo primero no es ponerse a trabajar

Mientras la propuesta estaba fuera, todo estaba escrito. Había un alcance, un precio, unas condiciones y un documento al que señalar.

En cuanto el cliente dice que sí, eso deja de ser cierto. Porque el sí casi nunca es a la propuesta que mandaste: es a la propuesta más las dos llamadas, más el «¿y si además…?» del jueves, más el ajuste que aceptaste el viernes, más una frase suelta en un correo que decía «lo de la web ya lo vemos más adelante». Nada de eso está en ningún sitio.

Los dos salís de ese mensaje con una versión distinta de lo que acaba de ocurrir. La tuya es la propuesta, con matices. La suya es la propuesta más todo lo que se fue diciendo por el camino, que en su cabeza está dentro porque nunca dijiste que no.

Esa distancia es de milímetros el lunes y de metros en la semana seis. Cerrarla cuesta cuarenta minutos y solo se puede hacer ahora, mientras el cliente está contento y disponible. Dentro de dos semanas, pedirle que aclare lo que dijo suena a desconfianza. Hoy suena a que trabajas bien.

Son cuatro cosas, y el orden importa.

1. Confirma por escrito a qué acaba de decir que sí

Un correo corto, el mismo día. No un contrato: una foto fija.

Va la versión de la propuesta que se acepta —con fecha, o con el enlace a la que él vio—, el precio final si se movió, y una línea por cada cosa que se habló fuera del documento. Sobre todo las que se quedaron a medias: «la web queda fuera de este presupuesto, lo vemos cuando esté la identidad» tiene que estar escrito por ti, hoy, o dentro de dos meses será un malentendido con dos versiones igual de sinceras.

Si la propuesta estaba bien construida, esto es copiar y pegar. Si te cuesta escribirlo, ya sabes algo importante: no está tan cerrado como creías.

Y termina pidiendo confirmación explícita. «¿Lo ves así?» Que conteste. Da igual lo corta que sea la respuesta: lo que necesitas es que exista.

2. Pide el material con fecha al lado

Esta es la respuesta corta a qué pedir al cliente antes de empezar un proyecto de diseño: todo aquello sin lo que no puedes avanzar, y cada cosa con un día concreto escrito al lado. Los textos. Las fotos. El acceso al dominio. La reunión con la persona que de verdad decide.

Lo segundo importa más que lo primero, y es lo que casi nadie hace. Ponemos las fechas de entrega, las nuestras. Muy pocas veces ponemos las fechas del cliente.

El calendario útil se escribe al revés: desde la entrega hacia atrás, marcando en qué día necesitas cada cosa para que la fecha final siga en pie.

No es burocracia. Es la única forma de que, cuando el proyecto se retrase dos semanas porque los textos llegaron tarde, exista una fecha a la que referirse en lugar de una discusión sobre quién falló. Y sobre todo: es lo que convierte el retraso en un hecho compartido y no en un reproche.

En agencia aprendimos esto por la vía cara. Los proyectos no se retrasan por el diseño. Se retrasan esperando material que nadie pidió con una fecha al lado.

3. Pon nombre a quien aprueba

Pregunta ahora, cuando es fácil: ¿quién tiene que dar el visto bueno a esto?

A veces la respuesta es «yo», y ya está. A veces es «yo, pero se lo enseño a mi socio». Y a veces —las peores— hay un director general que no ha aparecido en ninguna de las cinco conversaciones que habéis tenido y que verá el trabajo por primera vez en la semana cuatro, sin contexto, con la reunión ya empezada.

Esa persona existe siempre. La única pregunta es si te enteras el día uno o el día veinticinco. Y si te enteras el día uno, puedes hacer algo que cambia el proyecto entero: pedir que esté en la primera presentación, aunque sea diez minutos.

Es la misma señal que ya usabas para decidir si el proyecto estaba listo, solo que ahora la respuesta no sirve para decidir si entras. Sirve para saber a quién le estás hablando de verdad.

4. Cobra el arranque

Sin dramatismo y sin pedir perdón: la primera parte se cobra antes de empezar, y se pide en este correo, no en uno aparte tres días después.

No es solo dinero. Es la última comprobación de que el sí era real. Un cliente que dice que sí y luego tarda tres semanas en tramitar el primer pago no te está engañando: te está enseñando cómo va a funcionar el resto del proyecto. Mejor saberlo antes de haber invertido cuarenta horas.

Y hay una cosa que se nota poco y vale mucho: quien ya ha pagado algo, contesta. La factura del arranque es también el mejor sistema de seguimiento que existe.

Lo que no hay que hacer en esas 48 horas

Empezar a diseñar.

Sé perfectamente por qué lo hacemos. Después de semanas esperando, ponerse a trabajar es la forma más natural de celebrarlo, y además hay ganas. Pero abrir el archivo antes de haber cerrado esos cuatro puntos tiene un efecto muy concreto: te deja sin margen para negociarlos.

Si el miércoles ya has hecho tres propuestas de dirección y el jueves descubres que el que aprueba es alguien que no conocías, no vas a parar. Vas a seguir, adaptar, estirar. Y el proyecto habrá empezado con el alcance abierto y una persona nueva decidiendo sobre un trabajo que ya existe.

Aquí es donde el sí se parece más al envío de la propuesta de lo que parece. Cuando la mandas, empieza una parte que no controlas. Cuando te dicen que sí pasa lo contrario: se abre la última ventana en la que lo controlas todo. Dura dos días.

Un sí no es un acuerdo

Es una intención muy buena, dicha en el mejor momento posible, sobre un documento que las dos partes recuerdan de forma distinta.

Convertirlo en un acuerdo es trabajo. Cuarenta minutos de trabajo aburrido que nadie te agradece y que no se ve en ningún sitio, salvo en la única métrica que importa: que en la semana seis siga habiendo un proyecto y no una discusión.

Preguntas frecuentes

¿Qué hay que hacer cuando un cliente acepta tu propuesta?
Antes de empezar a trabajar, cerrar por escrito cuatro cosas: a qué versión de la propuesta ha dicho que sí (incluyendo lo que se habló fuera del documento), el calendario con las fechas en las que necesitas material suyo, quién tiene que dar el visto bueno, y el cobro del arranque. Son cuarenta minutos y solo se pueden invertir en los dos primeros días.
¿Hace falta un contrato o basta con el correo de confirmación?
El correo de confirmación no sustituye al contrato, lo precede. Su función es dejar una foto fija de qué se acepta el mismo día en que se acepta, porque lo que el cliente aprueba casi nunca es exactamente el documento que enviaste, sino ese documento más lo que se fue hablando por el camino.
¿Qué le tengo que pedir al cliente antes de empezar un proyecto de diseño?
Todo aquello sin lo que no puedes avanzar, y con una fecha concreta al lado: textos, imágenes, accesos y la disponibilidad de la persona que aprueba. Los proyectos rara vez se retrasan por el diseño; se retrasan esperando material que nadie pidió con fecha.
¿Por qué no conviene empezar a diseñar nada más recibir el sí?
Porque abrir el archivo antes de cerrar el alcance, el calendario y el aprobador te deja sin margen para negociarlos. Una vez has invertido horas de trabajo ya no paras: adaptas y estiras, y el proyecto arranca con el alcance abierto.